Se ayuda a las personas a desarrollar capacidades y a adquirir conocimientos que les permitan tomar decisiones fundamentadas en beneficio propio y de los demás.
La Educación para el Desarrollo es una educación activa que promueve la cooperación solidaria, compromete a profesorado y estudiantes en la defensa de los derechos humanos, de la paz, de la dignidad de las personas y de los pueblos, oponiéndose a cualquier tipo de marginación por credo, sexo, clase o etnia. Pretende que quienes participan en un proceso de Educación para el Desarrollo, incorporen el sentido crítico a través de este proceso de enseñanza aprendizaje que les permite desarticular prejuicios e impulsar actitudes solidarias.
Como señala Djeakoumar (2001)1 la Educación para el Desarrollo «debe conducir a la toma de conciencia de las desigualdades planetarias en la distribución de la riqueza y del poder. Debe permitir a cada individuo tener las claves de su propio desarrollo dentro de la sociedad en que se halla. Permite relacionar los contenidos académicos con la formación personal para que cada persona tenga la posibilidad de participar en el desarrollo de su entorno y comprender los vínculos entre la realidad global y el desarrollo local».
No caben dudas de que vivimos en una época en la que se están dando enormes transformaciones sociales, en gran parte impulsadas por el cambio tecnológico.
Por lo cual es necesario la educación cambie, una de las razones para el cambio es la competencia entre la tecnología y la educación, a medida que los mercados laborales se ajustan a la automatización. En este nuevo mundo, la capacidad de los trabajadores para competir se ve obstaculizada por el desempeño deficiente de los sistemas de educación en la mayoría de los países en desarrollo. Los cambios tecnológicos y la competencia mundial exigen a muchos el dominio de ciertas habilidades y la adquisición de nuevas destrezas
Es necesario que la escuela proporcione a sus alumnos aprendizajes y experiencias que no se producen naturalmente en su exterior (Tedesco, 2003).
- aprender a aprender
- aprender a convivir con el cambio tecnológico permanente
- aprender a convivir con los otros
No basta con saber utilizar las tecnologías de la información y la comunicación. A veces creemos que saber utilizar las nuevas tecnologías es sinónimo de poder desenvolverse eficazmente en los nuevos tiempos que corren. Sin embargo, acceder fácilmente a la información no significa que sepamos qué hacer con ella.
Justamente, información es lo que sobra en la actualidad, desde Internet y desde los medios de comunicación tenemos acceso automático a muchísima información como nunca antes en nuestra historia. Sin embargo, eso no quiere decir que sepamos operar con la información de la que disponemos. El procesamiento de la información es una tarea compleja y requiere habilidades cognitivas que deben ser desarrolladas.
Estas habilidades son las que permitirán además, continuar aprendiendo durante toda la vida. La sociedad actual es cada vez más compleja, los nuevos conocimientos se multiplican sin cesar, las áreas de conocimiento se especializan cada vez más y de este modo, la necesidad de aprender es algo que cualquier individuo tendrá durante toda su vida en múltiples ámbitos: profesional-laboral, académico, personal.
Ahora bien, no podemos contentarnos solamente con pensar que el papel de la escuela es el de desarrollar las habilidades cognitivas e intelectuales de cada individuo. Si bien una de las tareas de la escuela es la de formar individuos en competencias para poder desenvolverse en el mundo actual, esto sólo no basta. Hay otras funciones que la escuela de hoy tiene que cumplir.
Creo que es posible y necesario recuperar el rol de nuestras instituciones educativas como protagonistas del cambio y de la invención de un futuro mejor. Seguramente no es fácil y requiere reflexión, creatividad y un enorme esfuerzo de nuestra parte. Pero el riesgo es mayor si, quedándonos en la inmovilidad, dejamos que los vertiginosos cambios sociales “decidan” por nosotros, no permitiéndonos direccionar nuestro presente ni construir el futuro que queremos legarle a nuestros alumnos e hijos.
“La neutralidad en la escuela es (un efecto social) sutil e indirecto, pues ni los profesores saben muy bien lo que hacen ni los alumnos saben muy bien lo que les están haciendo”. John Dewey





